Cuando hace ya más de un año empecé a escribir el blog, mi intención no era contar mis experiencias personales a quien tuviera a bien leerlas. Mi intención era trasladar un conocimiento y una motivación a los demás. Había descubierto un mundo muy interesante: el mundo de la mejora continua, la filosofía Kaizen, el pensamiento Lean… una serie de principios que se estaban aplicando exitosamente en muchas empresas y que, desde mi punto de vista, podían aplicarse a muchas situaciones de la vida diaria mejorándola notablemente.

En este artículo me voy a permitir desviarme ligeramente de mi intención inicial, ahondando un poco más en mi experiencia personal. Creo que esta vez está justificado, ya que seguramente sea la mejor forma de que se entienda lo que quiero trasladar.

Mi experiencia

Me gusta pensar que cada uno tenemos la capacidad de construir nuestro mundo, que nuestras acciones cuentan, suman, restan, influyen en el resultado. Sin entrar en un análisis más filosófico (o incluso político) sobre la libertad del ser humano, soy de las personas que piensan que solo uno mismo puede escribir su historia y el final de la misma será el resultado de su trabajo y esfuerzo. Quizás es por eso que en el verano de 2016 tomé una decisión muy importante con mis 31 años recién cumplidos: estudiar Psicología.

Aún mucha gente me sigue preguntando por qué he decidido “justo ahora” estudiar y, sobre todo, por qué he decidido estudiar algo tan diferente de mi trayectoria profesional. La gente se sorprende (y no los culpo) de que voluntariamente y sin un objetivo material, haya decidido emplear mi poco tiempo libre en estudiar. Mi respuesta siempre es la misma: “porque me apetece”, “porque me gusta”, “porque siempre había querido y no había encontrado el momento”… Pero yo misma a veces encontraba insuficiente estas razones y no terminaba de entender por qué cuando ya tengo mi vida aparentemente “solucionada” había decidido hacer una inversión de tiempo y dinero en algo que no tenía un objetivo tangible, real, económico, útil, práctico, material…

Qué curioso ¿verdad?, parece que hacer algo que requiere esfuerzo por puro placer no es  motivo suficiente para hacerlo y, sin darnos cuenta, intentamos buscar razones materiales para justificarlo. Pero ¿por qué?, ¿por qué no estudiar por el puro placer de aprender?, ¿por qué no hacerlo por la satisfacción de continuar con la mejora continua de uno mismo?

Dicen los expertos que la motivación es un proceso adaptativo que energiza y dirige el comportamiento hacia un objetivo o meta. Esta motivación puede ser de dos tipos:

  • Motivación Extrínseca: motivación que requiere de estímulos externos como premios o recompensas (Ejm. Leer un libro para aprobar un examen).
  • Motivación Intrínseca: motivación para implicarse en una actividad por su propio valor, sin esperar una recompensa (Ejm. Leer un libro por el placer de hacerlo).

Ahora sé que “lo mío” tiene nombre y que no soy tan bicho raro… Sé que una de las necesidades psicológicas del ser humano es la curiosidad, que somos buscadores activos de nuevas informaciones y que esta curiosidad es la que nos estimula, la que nos impulsa a tomar decisiones, a emprender proyectos y, en definitiva, a continuar creciendo.

Ahora también comprendo por qué es tan complicado entender para los demás y por qué fue complicado incluso para mí justificar mis ganas de estudiar Psicología. Siempre quise hacerlo, siempre me gustó, pero cuando tuve que elegir acabé tomando una decisión enfocada a los resultados. No me culpo, los valores de la sociedad occidental están enfocados a los resultados (estudiar para conseguir un buen trabajo, bien remunerado, en un sector con salidas y así ganar dinero para poder hacer más cosas…), nos vemos presionados a hacer lo que nos conviene, no lo que nos gusta y tomamos tantas decisiones por motivaciones extrínsecas que cuando las tomamos por motivaciones intrínsecas creemos que no son suficientes.

Mi conclusión

Tomar la decisión de estudiar lo que verdaderamente me gusta me ha aportado serenidad. Sí, estoy contenta y satisfecha. Me lo tomo con calma, no me presiono, no tengo prisa y lo disfruto. Estudio porque me aporta bienestar, porque me gusta aprender cosas nuevas.

Nos vemos obligados a tomar tantas decisiones para cumplir objetivos que a veces nos olvidamos de vivir y no hay mayor mejora continua que la que nace de una verdadera motivación interna. Esto, que parece tan evidente, es algo que a veces olvidamos y a mí me ha costado un tiempo darme cuenta.

Por eso, me gustaría animaros a dejaros llevar, en ocasiones, por esas motivaciones internas que, aunque no nos aporten una recompensa material, sí nos enriquecen como personas y nos hacen disfrutar.

 

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